https://www.instagram.com/p/Dd2No_nTQ_X

DESPUÉS DE VARIOS MESES ALEJADO DE LAS REDES SOCIALES, EL CREADOR DE CONTENIDO Y EMPRESARIO REGRESA A LA VIDA PÚBLICA CON UNA INICIATIVA QUE BUSCA ACERCAR PROCEDIMIENTOS ESTÉTICOS REALIZADOS DENTRO DE LA FORMALIDAD A PERSONAS QUE HOY NO PUEDEN ASUMIR LOS ALTOS COSTOS DEL MERCADO.

Medellín, Colombia. Después de varios meses lejos de las redes sociales, David Luna, creador de contenido y empresario reconocido en plataformas digitales, regresa a la vida pública con una nueva propuesta y con una conversación que considera necesaria: hacer que una cirugía plástica realizada dentro de condiciones adecuadas de seguridad no sea una posibilidad reservada únicamente para quienes pueden pagar los precios más altos del mercado.

Su regreso ocurre luego de una etapa de bajo perfil tras la polémica que enfrentó meses atrás, cuando recibió cuestionamientos relacionados con algunos de sus proyectos empresariales y con la promoción de procedimientos estéticos a precios que llamaron la atención por ser considerablemente inferiores frente a otras ofertas del sector.

Esta vez, Luna vuelve con un planteamiento que pretende ir más allá de promocionar un precio. Su propuesta busca acercar a más personas en Medellín a procedimientos estéticos dentro de la formalidad, con valoración previa, profesionales con formación acreditada, instituciones habilitadas, tecnología y respaldo ante posibles complicaciones, pero buscando al mismo tiempo estructuras de costos y alternativas de financiación que permitan que más personas puedan acceder.

La idea nace de una realidad que David asegura haber identificado de cerca: que una persona no tenga suficiente dinero para pagar una cirugía dentro del mercado formal no significa necesariamente que vaya a renunciar a realizarse el procedimiento y es justamente ahí donde puede comenzar el riesgo.

Para David Luna, existe una brecha económica importante entre algunos de los valores que se encuentran en la clandestinidad y aquellos que puede alcanzar una intervención dentro del sistema formal. En el video con el que explica esta nueva etapa, el empresario pone como ejemplo procedimientos ofrecidos alrededor de los $5 millones en escenarios informales o ilegales, mientras que determinadas cirugías dentro del mercado formal pueden alcanzar o superar los $30 o $35 millones.

En medio de esos dos extremos queda una población que muchas veces no tiene cómo asumir los valores más altos, pero que continúa teniendo el deseo de realizarse un procedimiento, personas que trabajan, personas que ahorran durante meses o años, mujeres y hombres que llevan tiempo pensando en cambiar una parte de su cuerpo. Y personas que, ante la falta de alternativas económicas, pueden terminar tomando decisiones basadas únicamente en el precio.

Ese es el punto que David quiere cambiar. “Hay personas que se van a operar de todas maneras. Decirles simplemente que no lo hagan no necesariamente resuelve el problema. Tenemos que preguntarnos qué alternativas estamos creando para que esa persona no termine poniendo su vida en riesgo porque fue lo único que pudo pagar”.

La propuesta plantea entonces buscar un punto intermedio, reducir el costo para el paciente sin convertir esa reducción en menos garantías alrededor del procedimiento.

La preocupación no es solamente comercial, las cifras muestran que las complicaciones derivadas de procedimientos estéticos representan una realidad que requiere atención. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, durante 2024 se notificaron en Colombia 566 casos sospechosos de lesiones ocasionadas por procedimientos estéticos, frente a 348 registrados durante 2023, lo que representó un incremento del 61 %. El 93,3 % de esos casos correspondió a mujeres.

El mismo informe registró 33 fallecimientos entre los casos sospechosos de lesiones ocasionadas por procedimientos estéticos durante 2024. De ellos, 11 correspondieron a Medellín, la cifra municipal más alta registrada en ese reporte.  Antioquia, además, concentró 257 de los 566 casos sospechosos notificados en el país durante ese año.

Para David Luna, estas cifras obligan a que la discusión deje de limitarse a cuánto cuesta una cirugía y empiece a preguntarse también qué ocurre cuando una persona siente que las opciones formales están económicamente fuera de su alcance.

La propuesta también surge en un momento en el que Medellín se ha consolidado como uno de los principales destinos de turismo de salud de América Latina. Según cifras divulgadas por la Alcaldía de Medellín, en 2024 la ciudad atendió aproximadamente 23.323 pacientes internacionales. Las cirugías plásticas representaron cerca del 10 % de los servicios médicos más demandados por estos pacientes y generaron una facturación superior a los $6.700 millones.

Para Luna, el crecimiento y la internacionalización del sector también abren una conversación sobre quienes viven en la ciudad y desean acceder a esos mismos servicios, pero encuentran barreras económicas. No se trata de cuestionar la llegada de pacientes extranjeros ni el crecimiento de Medellín como destino médico.

Se trata de plantear otra pregunta:¿cómo lograr que ese desarrollo también genere alternativas para quien gana en pesos, vive en Colombia y no tiene la posibilidad de pagar los valores más altos del mercado?

Durante 2026, Colombia conoció una historia que hizo que esta conversación dejara de ser únicamente sobre precios. Yulixa Toloza tenía 52 años, era estilista, trabajaba y tenía su propio salón de belleza. Como muchas otras mujeres, había tomado una decisión personal: quería modificar una parte de su cuerpo.

El 13 de mayo acudió a un centro estético ubicado en el sur de Bogotá para realizarse un procedimiento, nunca regresó a su casa, posteriormente se conoció que el establecimiento al que había acudido operaba de manera irregular para el tipo de intervención que se le practicó. Después del procedimiento, Yulixa desapareció y seis días más tarde su cuerpo fue encontrado en Apulo, Cundinamarca. Medicina Legal confirmó posteriormente su identidad.

El dictamen forense conocido posteriormente documentó diferentes lesiones y complicaciones asociadas al procedimiento, entre ellas anemia aguda y embolismo graso generalizado. Medicina Legal determinó que la muerte estuvo relacionada con una liposucción realizada en abdomen y dorso y clasificó la manera de muerte como violenta-homicidio. La investigación judicial sobre las responsabilidades individuales ha continuado en manos de las autoridades.

Pero antes de convertirse en un expediente, Yulixa era una mujer que salió de su casa pensando que iba a regresar. Tenía un trabajo, tenía personas que la esperaban, tenía planes después de ese procedimiento. Y su historia representa uno de los lados más dolorosos de una realidad en la que el precio, la desinformación y la informalidad pueden encontrarse alrededor de una misma decisión.

Para David Luna, casos como este también obligan a cambiar la forma en la que se habla de quienes quieren realizarse una cirugía estética. No se trata de juzgar a quien quiere operarse

Después de una tragedia suele aparecer una pregunta:

“¿Por qué se operó?” Pero para Luna, poner toda la responsabilidad sobre quien decidió realizarse un procedimiento desconoce una parte importante del problema, querer modificar el cuerpo es una decisión personal, una mujer no debería ser señalada por querer sentirse diferente frente al espejo.

Un hombre tampoco debería ser juzgado por querer cambiar alguna parte de su apariencia, la discusión debería estar en las condiciones bajo las cuales esa persona termina realizando el procedimiento.

“No podemos hacer sentir culpable a alguien porque quiere operarse. Tenemos que preguntarnos qué opciones le estamos dando cuando ya tomó esa decisión. Si la única alternativa que puede pagar la lleva hacia la informalidad, entonces tenemos que trabajar sobre el acceso”.

PRIMERO SABER SI UNA PERSONA PUEDE OPERARSE

La propuesta que David Luna presenta en esta nueva etapa también parte de una condición fundamental, no todas las personas pueden operarse. Antes del precio, antes del crédito y antes de programar una cirugía debe existir una valoración médica que permita determinar si la persona es candidata para el procedimiento.

Cada paciente tiene una historia clínica diferente, cada cuerpo responde de manera distinta, tener el dinero para pagar una intervención nunca debería ser el único requisito para ingresar a un quirófano. En el modelo que Luna plantea existe una división que él mismo resume en dos áreas, lo científico y lo financiero.

La parte científica debe quedar en manos de los profesionales de la salud: valoración, exámenes, decisión médica, procedimiento, tecnología, protocolos y seguimiento.

La parte financiera es donde el empresario asegura que quiere concentrar sus esfuerzos. Bajar el precio, no los estándares David Luna asegura que el objetivo de su propuesta no es entrar en una competencia por ofrecer “la cirugía más barata”. El reto está en construir una estructura que permita disminuir considerablemente el precio final mientras se mantienen los elementos necesarios alrededor del procedimiento.

En su presentación habla de trabajar con cirujanos, tecnología y cobertura frente a eventuales riesgos, mientras busca reducir costos que permitan acercarse a una disminución, dependiendo del procedimiento y de la estructura definitiva del proyecto.

Y allí aparece uno de los puntos centrales de su propuesta, la financiación. “¿Qué es darle acceso? Darle crédito. Entender cómo puede pagar esa persona”. Para Luna, una persona puede tener capacidad para asumir el costo de una cirugía progresivamente aunque no tenga disponibles veinte o treinta millones de pesos para pagarlos de inmediato.

Por eso su apuesta contempla estudiar alternativas de crédito, financiación y planes de pago que permitan ampliar el acceso sin que la reducción económica dependa de eliminar componentes médicos del procedimiento.

David Luna regresa a las redes con una nueva etapa, este proyecto también marca el regreso personal y profesional de David Luna. Después de varios meses alejado de las redes sociales, el creador de contenido y empresario vuelve a las plataformas en las que durante años construyó comunidad, esta vez con una conversación diferente alrededor de uno de los sectores con los que anteriormente estuvo relacionado.

Luna reconoce que hablar de cirugía plástica exige mucho más que publicar un precio atractivo, Implica explicar quién va a operar, dónde se realizará el procedimiento, qué condiciones tiene el paciente, cuáles son los riesgos, qué respaldo existe y qué sucede si algo no sale como estaba previsto.

Su intención es que esta nueva etapa esté marcada precisamente por esa información y por la búsqueda de alternativas que permitan acercar el sistema formal a quienes hoy sienten que está demasiado lejos de sus posibilidades.

“Esto dejó de ser solamente una conversación sobre cuánto puede costar una cirugía. Estamos hablando de personas. Si alguien que estaba pensando acudir a un lugar clandestino puede primero sentarse frente a un profesional, hacerse sus exámenes, saber si realmente puede operarse y además encontrar una manera de pagarlo, entonces estamos empezando a hacer algo diferente”.

Para David Luna, ese es el sentido de regresar, no decirle a alguien que deje de querer cambiar una parte de su cuerpo, no juzgarlo porque no tiene el dinero suficiente y tampoco prometer que una cirugía puede estar libre de riesgos.

La apuesta es otra, es crear más posibilidades para que el precio no termine siendo la razón por la que una persona pone su vida en manos equivocadas. Porque detrás de cada cirugía hay mucho más que un antes y un después, hay una persona, una familia, hay alguien esperando una llamada y, sobre todo, hay alguien que tiene que volver a casa.

Por RCMEDIOS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *